lunes, 19 de diciembre de 2011

"DESDE MI VENTANA"

Como si abriera un libro y fuera pasando sus hojas, así contemplo yo el mundo cada día  desde mi ventana. Cuando la abro y miro a través de ella, es como vivir muchas vidas, es descubrir el significado de todo aquello que puede parecer cotidiano, pero que si pones atención, y escuchas, tiene mucho que contarte.     

De madrugada, con los primeros rayos de sol, los pájaros a ritmo de trino, pregonan el nuevo día, y revolotean nerviosos de acá para allá.

Por el sonido que llega lejano, se intuye un tractor, que paseo va, paseo viene, va peinando el terreno dibujando un mapa en el suelo, e impregna la atmósfera con un penetrante olor a tierra húmeda.

No puedo olvidarme de aquel solitario árbol en lo alto de la colina, al que estoy viendo crecer como si de un hijo se tratara.


A medida que la mañana pasa, el paisaje se va modificando. Un grupo de alborotados perros que corren como gacelas. Ese viejo y fiel caballo que a duras penas se sujeta sobre sus patas. Aviones que surcan el cielo y rompen la monotonía del silencio, y que dejan a su paso curiosos dibujos. Ese gato negro que me visita todos los días, y que descarado, escala por cualquier sitio igual que un trapecista.

Serpenteante, se divisa el viejo camino, camino que podría narrar muchas historias grabadas en cada uno de sus surcos, y en cada una de sus piedras. Testigo de paseos y besos de parejas. Cobijo de ancianos caldeando su longevo cuerpo al sol. Guardián de correterías y juegos de niños. Paso de carruajes hacia los huertos situados a su margen. Camino que parece no llevar a ningún lugar y, que sin embargo, te conduce a rincones llenos de encanto. 

Las nubes van cambiando de color depende de su “estado de ánimo”, incluso si se les antoja, pueden tomar formas caprichosas: Bolas de algodón, afiladas rayas, sutiles velos, baño de espuma... En ellas puedes descubrir todo lo que tu imaginación quiera ver, como cuando éramos niños y nos gustaba adivinar animales o caras entre ellas.

Desde mi ventana, veo pasar las estaciones entre verdes y amarillos, y gozo de un cielo de cada color: uno gris que me anuncia la llegada de la lluvia, uno azul inmaculado que dejará exhibirse al sol, uno rojo anaranjado que me traerá la noche, y uno negro que se atusará de una enigmática luna y de rutilantes estrellas, estrellas, que cuando las veo desplomarse, hacen que más de una vez les pida un deseo. Y esa coqueta luna, que cada noche cambia a su antojo: crece nueva, llena, y mengua.

Por la noche, el paisaje cambia de nuevo, pero no por ello deja de ser hermoso. Veo vibrar a lo lejos las pequeñas luces de los pueblos. El resplandor en el cielo de la ciudad tras las montañas. Los murciélagos que trenzan sus vuelos en un incesante ir y venir. El rutinario croar de las ranas. La incansable lechuza con su lánguido cantar.

Desde mi ventana contemplo, descubro, disfruto, invento y sueño...

© Mabel.

Artículo publicado en: HISTOREO
Revista Cultural de Libre Pensamiento

No hay comentarios:

Publicar un comentario