lunes, 19 de diciembre de 2011

“LA NIÑA QUE FUI… Y QUE SOY”

¿Qué queda en mí de aquella niña que fui?

Queda en mí la pasión por la música:  Siempre cantando y bailando. Nunca aprendí a tocar ningún instrumento, aunque lo intenté, mi pasión, la guitarra siempre fue. Aprendí mucho de música al lado de mi hermano y mis primos mayores, descubría cada día nuevos sonidos y sensaciones.

Queda en mí el gusto por el dibujo y la pintura: La combinación de colores, la historia que querían explicar los autores. La primera vez que al museo del Prado fui, recuerdo que me emocioné, y entero en un día lo quería ver.

Queda en mí el amor por la escritura: Cuentos, relatos, narraciones, poesías, frases, canciones. Con un trozo de papel delante de mí y algo con qué escribir, la niña más feliz me podía sentir.

Queda en mí el placer por el teatro: Encima de un escenario podía disparar mi fantasía, y tan de lleno en la historia me introducía, que casi me la creía.   

Queda en mí la curiosidad por las cosas:  Siempre con los ojos muy abiertos. Despierta, observadora, me gustaba saber, era curiosa.

Queda en mí la magia de la imaginación: No tenía límites. Para mí no había nada pequeño e insignificante, en mi mente yo lo hacía grande e importante.  Ahora mi cabeza sigue sin parar, siempre tengo mil sueños que llevar a la realidad. 

Queda en mí la chispa de la rebeldía. Siempre luchaba por aquello que justo yo creía. Ahora me gusta saltarme las normas de vez en cuando, ya la vida es demasiado organizada cada día, como para no ponerle un poco de esa filosofía.

Queda en mí lo difícil de la sensibilidad y la sinceridad:  Soy lo que ves, y aunque a veces resulte complicado, no me gusta fingir lo que no quiero ser. Casi siempre digo y hago lo que siento, aunque en ocasiones me duelan esos sentimientos.

Queda en mí el sentido de la amistad: Pocos amigos, pero muchos conocidos. Lo doy todo, me gusta hacerlo así, sin esperar nada a cambio, se es mucho más feliz.

Aparte de todo esto, yo era una niña como las demás, con mis juegos de críos, con mis risas, mis chillos... Recuerdo que en ocasiones me decían que mayor parecía, y ahora que soy mayor, me dicen que a veces parezco una cría.

Me apasionan las civilizaciones romana, egipcia y  griega. Las iglesias románicas con toda su belleza.
Me gustan los gatos y los perros. Las películas antiguas en blanco y negro.
Los olivos. El color verde. Las margaritas. El sol de media tarde.
El otoño. Las tormentas de verano. La lluvia. Coger de la mano.
El agua. El campo. Pasear. La brisa. La noche. Soñar.
Con la gente me gusta hablar, pero mucho más escuchar.
Soy un poco payasa, me encanta hacer reír. Abrazar. Mirar. Sentir...    

Después de muchos años, aun conservo mucho de aquella niña, un poco inocente, alocada, sencilla... Me gusta ser así, me siento bien, pero soy mayor cuando lo tengo que ser.

“Ser siempre mayor es algo muy cansado, por eso llevo a aquella niña siempre a mi lado”       
          
© Mabel.

Publicado en: HISTOREO
Revista Cultural de Libre Pensamiento

No hay comentarios:

Publicar un comentario