sábado, 14 de enero de 2012

"EL PASADO ESTARÁ SIEMPRE PRESENTE EN MI FUTURO"

Hace unos días, hablando con un amigo, me contaba que cada vez tenía menos tiempo libre, y que el poco del que disponía, tenía que dedicárselo a sus mayores. Yo le dije que no le pesara estar con ellos todo lo que pudiera, porque, el día que faltaran, echaría de menos el no haberles dado todo su tiempo y cariño.

Todo esto me hizo pensar en aquellas personas que se fueron de mi lado hace años, sobretodo, recordé a mis abuelos. Es curioso, pero es a los que más echo de menos, y de los que más me acuerdo. Siempre tuve la impresión de que no estuve con ellos lo suficiente, y de que no disfruté de su compañía todo lo que hubiera querido. Cómo me gustaría tenerles a mi lado... Escuchar de nuevo sus historias, sus vivencias, y esos chascarrillos que tanto me hacían reír...
Recuerdo que cuando contaban como vivieron la época de guerra, todas las cosas que les pasaron, y como lograron sobrevivir, yo permanecía muy atenta, y me parecía estar escuchando a unos verdaderos héroes. 

Mis abuelos paternos, Araceli y Pascual.
Mi abuela Araceli, a la que en vez de abuela, llamábamos “yaya”, porque siempre decía que lo de abuela le hacía vieja, era una mujer que se negaba a envejecer, siempre iba bien vestida, maquillada, peinada de peluquería, con sus collares, pulseras y pendientes, era toda una señora. Aunque era muy mayor, le gustaba trasnochar y divertirse, y vivir la vida al máximo. Me encantaba oírla hablar, lo hacía de una manera especial y con una educación exquisita. Siempre olía a “Maderas de Oriente”, un perfume que todavía existe, y que cuando lo huelo, me recuerda a ella.

Mi abuelo Pascual era de un carácter difícil, muy difícil, yo le recuerdo enfadado casi siempre, incluso, en alguna ocasión, me llegó a dar un poco de miedo, pero claro, yo era pequeña y seguramente no entendía su actitud. Era carpintero, y por ello tenía las manos siempre muy ásperas, y cuando te acariciaba la cara, te rascaba, y recuerdo que a mí no me gustaba, y como él lo sabía, me lo hacía muchas veces para hacerme rabiar. Le encantaba llevar a todos sus nietos cogidos de la mano, y cuando te la agarraba, lo hacía con mucha fuerza, tanto, que te hacía sentir seguro.

Mis abuelos maternos, Dorotea y Francisco.
Mi abuela Dorotea era pequeñita, callada, y muy entrañable. Era la típica imagen de una abuelita de pueblo, vestía de negro, con manga larga y falda bajo las rodillas, siempre llevaba un delantal, y el pelo largo y canoso envuelto en un moño. Era muy dulce, y le gustaba dar consejos, aunque a mí sus consejos casi siempre me parecían raros y anticuados, pero pasados los años, te das cuenta de que con muchos de ellos tenía razón.  

Mi abuelo Francisco era alto y espigado, y con un genio que al pronto te acobardaba, pero que al cabo de unos segundos, se le pasaba, y podías hacer de él lo que quisieras. Era alegre, risueño, y cantarín. Albañil de profesión, y por eso le pusieron de mote “El tío ventanas”. Cuando ya no pudo trabajar en eso, se fabricó un cajón de madera que se colgaba al cuello con una correa, y se recorría el barrio vendiendo cigarrillos sueltos, anisillos, caramelos, chicles, cochecitos... ¡Cómo me gustaba visitar a mi abuelo!   

Mis abuelos para mí, eran unas personas llenas de sabiduría y experiencia, y que enriquecieron mucho mi vida. Creo que los conozco más ahora, que cuando los tuve a mi lado, y me siento fatal al pensar que alguna vez me resultaron una molestia. Ahora les entiendo, ahora les comprendo, ahora sé qué me querían transmitir, y seguramente, que parte de lo que soy, se lo debo a ellos.

Se marcharon de mi lado hace muchos años, pero esté donde esté los llevaré eternamente conmigo porque, el pasado estará siempre presente en mi futuro...

© Mabel.

Publicado en: HISTOREO
Revista Cultural de Libre Pensamiento
http://sites.google.com/site/wwwhistoreo/revista

2 comentarios:

  1. Que precioso Mabel!! y que cerca he sentido algunas de las cosas que has contado.

    Te mando un beso gande.

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