Un mundo curioso y fascinante el de internet, y que, debidamente utilizado, puede ofrecerte cosas increíbles.
Muchos de nosotros tenemos amigos que hemos conocido a través de él, un amigo que llega por casualidad y que con el tiempo se queda o se va, eso depende de si hay cosas en común. Puedes tener cerca a un amigo que vive a muchos kilómetros, incluso en otro país, y sentirlo como si estuviera al lado tuyo, tan sólo es cuestión de saber conectar, y siempre confiando en que la relación sea verdadera y sincera, ahí está la clave. Puedes aprender mucho de él, y él de ti. Recorrer el mundo a través de fotografías y vídeos. Conocer otras culturas y estilos de vida. Incluso puedes descubrir aficiones que antes no tenías y que, gracias a tu amigo, llegas a amarlas.
La amistad, al igual que el amor, se da a distinta gente y de distinta forma, cada uno busca la suya y todas ellas son válidas, tan sólo hay que saber elegir la persona, el momento y el lugar.
Pero lo mejor de este “pequeño pero gran mundo” de internet es cuando de entre tantos amigos, encuentras a alguno con el que haces “buenas migas”, uno en especial, uno diferente, original, excepcional... Un amigo que cuando ves que te llegan noticias de él te alegras, del que recibes palabras siempre llenas de cariño, sinceras, amables, que te da su mano cuando más la necesitas, y que, a través de una pequeña pantalla te hace sentir mejor.
Un amigo que sabes que está ahí, de alguna manera sabes que “le tienes”, y que es de verdad, no le puedes tocar pero le sientes. Un amigo con el que poco a poco vas creando un lazo, con él compartes muchas cosas y tienes conexión.
Pero lo mejor de todo es cuando llega el día en el que le vas a conocer en persona, el día en el que a aquella cara que has visto detrás de una pantalla de ordenador tantas veces, la tienes delante de ti, oyes su risa, su voz... A aquella imagen plana, por fin le das forma, y piensas: “Así es como me lo imaginaba”, o “Es mejor de lo que pensaba”. Ya no me queda duda, mi amigo virtual es de carne y hueso.
Un amigo con el que pasas una tarde maravillosa, de esas para no olvidar, y lo mejor de todo es que te despides de él sabiendo que le volverás a ver, real o virtual, pero le verás, y que de una manera u otra seguiremos disfrutando juntos de todo aquello que nos ha unido. ¿Cuánto tiempo durará? Y eso ahora qué más da...
Dedicado a mi Amigo Enrique.
© Mabel.
Publicado en: HISTOREO
Revista Cultural de Libre Pensamiento
http://sites.google.com/site/wwwhistoreo/revista
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